Metiéndose bajo el paraguas de Teherán

15/Dic/2011

Aurora, Jonathan Spyer

Metiéndose bajo el paraguas de Teherán

15/12/2011 OPINIÓN
Irak frente al levantamiento en Siria Autor: Jonathan Spyer
Mientras el régimen de Asad en Siria lucha por sobrevivir, vale la pena recordar que aún posee muchos recursos. Tal vez el más importante de ellos es el hecho de que sus aliados regionales no lo han abandonado. Como ha quedado claro en los últimos días, tanto el régimen iraní como su cliente libanés, Hezbollah, están firmes junto a su colega Ba’ath de Siria, en problemas. Pero la lista de amigos del presidente Bashar Asad no termina con ellos.
El gobierno de Nouri al-Maliki, en Irak, es la tercera incorporación regional a la lista de influyentes actores que aún respalda a Asad.
El apoyo de Maliki a Assad tiene un significado mucho más allá del contexto sirio. Es una indicación de que el Irak, liderado por los chiís, se está acercando a Irán.
Esto ocurre simultáneamente con los avances del islamismo sunita en una serie de países árabes, como resultado de los levantamientos de 2011. La dirección hacia la que Maliki está moviendo a Irak refleja la agudización de las divisiones sectarias en el paisaje político cada vez más islamizado del Medio Oriente.
Desde un principio, el gobierno de Maliki se negó a unirse al creciente coro internacional – y regional árabe – que condena los métodos brutales de Asad. Mientras que los sauditas, tunecinos, los kuwaitíes y bahreiníes retiraron rápidamente sus embajadores de Damasco; el gobierno de Irak insinuó con expresiones de tenue esperanza que Assad “aceleraría” el ritmo de las reformas.
La posición del gobierno iraquí se ha mantenido constante. A medida que el derramamiento de sangre aumentaba, en Siria, y mundo occidental llamaba al aislamiento del régimen; Maliki se entretenía con una delegación de alto perfil de oficiales y empresarios sirios.
Irak se abstuvo en la votación de la Liga Árabe que suspendió la membrecía de Siria. Bagdad volvió a abstenerse, en el mismo foro, a finales de noviembre, en votación que llevó a aplicar sanciones a Damasco.
Irak y el Líbano, dominado por Hezbollah, han dejado en claro que no se consideran obligados por las sanciones. Existe el temor de que la cooperación de Irak y el Líbano con Siria para eludir las restricciones, las vaciará de todo contenido. Ciertamente, el régimen sirio apuesta a eso.
Irak es el segundo socio comercial de Siria (después de la UE). Bagdad da cuenta del 13 por ciento del comercio total de Damasco que representó un monto de 5.3 mil millones de dólares, en 2010.
El firme apoyo de Maliki a Asad es especialmente asombroso porque contrasta con la situación que existía hasta hace muy poco. En 2009, Bagdad cortó las relaciones con Siria. Maliki estaba furioso por las evidencias de que Asad había patrocinado atentados en Bagdad. El régimen de Asad también había sido un fuerte partidario de la insurgencia suní contra las fuerzas de EE.UU. en Irak.
Ahora todo esto ha cambiado. Maliki, que logró formar su segunda coalición tras las elecciones de 2010, es uno de los pocos aliados árabes que le quedan al régimen sirio.
¿Por qué? Las claves para entender el cambio de los iraquíes es la inminente salida de las fuerzas de EE.UU. de Irak y el amplio juego político que la República Islámica de Irán ha estado jugando tanto en Irak como en Siria.
Mientras que EE.UU. y sus aliados se dedicaban a la actividad militar en Irak; los iraníes estaban concretando una estrategia mucho más sutil.
Ésta incluía el patrocinio de movimientos políticos y la acumulación de poder e influencia política para usarlos el día después de que EE.UU. se retirara de Irak.
Tras las elecciones, Maliki fue sólo capaz de formar su gobierno – tras meses de discusiones – cuando el movimiento de Muqtada al-Sadr, apoyado por Irán, decidió finalmente respaldarlo.
Esto ocurrió después de que Irán mediara un acuerdo entre Sadr y Maliki. Las negociaciones para el acuerdo fueron llevadas a cabo en la ciudad sagrada de Qom, en Irán.
Qassem Suleimani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, y Muhammad Kawtharani, un miembro de alto rango del Hezbollah libanés, jugaron un papel decisivo en la negociación del acuerdo.
En otras palabras, si al-Maliki hoy puede gobernar, es porque está en coalición con un delegado de Irán.
Hay también un elemento económico junto al político. Empresas iraníes han invertido fuertemente en proyectos de reconstrucción en Irak. En julio de 2011, por ejemplo, se firmó un contrato para la construcción de un gasoducto de 2.500 kilómetros que llevará gas iraní a través de Irak hacia Siria.
Al añadir a estos factores políticos y económicos la convulsión sísmica de los levantamientos árabes de 2011, que favorecen a las fuerzas islamistas suníes en un país tras otro, se hace más fácil entender el interés de Maliki en acercarse a la alianza regional chií liderada por Irán.
La obtención del patrocinio iraní consiste en ayudar a otros clientes. Un favor se responde con otro.
Asad, miembro clave del club, está en problemas. Por lo tanto, contra todos los pronósticos, los iraquíes están subiéndose a bordo para tratar de mantener su régimen.
Se ha oído mucha información, en las últimas semanas, sobre la lucha de Hamas para librarse de la alianza chií dirigida por Irán, y trasladarse al embrionario bloque islamista sunita, que parece que va a ser el legado principal de la Primavera Árabe. Irak parece estar viajando en la dirección opuesta, su motivo es una imagen especular del de Hamas.
Irak está a punto de recuperar la soberanía plena. Mientras lo hace, está también por presentar, a la región y al mundo, una entidad de un tipo previamente desconocida en la modernidad – un estado árabe de mayoría chií, bajo un gobierno también chií. En el Oriente Medio, donde la política islámica se mueve cada vez más hacia el centro de la escena, no es sorprendente que un Irak gobernado por chiíes elija alinearse en el bloque regional liderado por Irán. Los iraníes hábilmente han preparado el camino. La lógica de los acontecimientos ha hecho que Maliki esté que dispuestos a caminar por él.
La ayuda iraquí que Maliki está ofreciendo a su angustiado ex archi-enemigo de Damasco debe ser vista como una especie de cuota de ingreso a la alianza regional liderada por Irán. Evidentemente, el primer ministro iraquí ha hecho las cuentas y decidió que el precio es justo.
Si la sustitución del régimen de Saddam Hussein por un Irak, liderado por chiís, alineado ahora con Irán – valió la pérdida de 4.478 vidas estadounidenses y una inversión de 750 mil millones de dólares es, por supuesto, un cálculo totalmente diferente.